¿Qué paso en 1975?

Mis recuerdos personales de ese año son un tanto confusos. Como se reformó el Código Civil, pude disolver la sociedad de gananciales que tenía con el padre de mis dos hijos mayores y separarme de él “de lecho y habitación”. Esto es tuyo y esto es mío, casa nueva, mudanza, colegio nuevo, disgusto de mis padres…

Era ya mi tercer curso de profe y tenía muchas horas de clase. Además, hacía estudios de mercado para complementar los ingresos. Militaba en el Frente de Liberación de la Mujer y la LCR. Escribía en Combate, en Triunfo y en donde me pidieran un artículo. Me espantaba los moscones que habitualmente rodean a una separada de 27 años. Bebía en la Cervecería Santa Bárbara, bailaba en Bocaccio y dormía 6 horas las noches que había suerte.

Estrené mi nueva casa quemando panfletos en el fregadero, porque nos avisaron de una caída. Aquello empezó a soltar un humo negro que inundó el patio y la comunidad empezó a considerarme la “loca del segundo” y a ocuparse de mis hijos por compasión.

No se como aguanté semejante ritmo durante los años siguientes. Luego vino la resaca que produjo al romperse la “ascendente ola revolucionaria en la Europa del Sur” (el Portugal del 74, la muerte de Franco y la euforia que le siguió, “il sorpasso” del PCI que nunca se produjo…). Reagan y Tatcher subieron al poder, con toda su corte de neocon, aquí aguantamos como pudimos los primeros cierres y privatizaciones y, gracias al nuevo ciclo histórico, pude retomar el aliento.

Digo esto porque el largo ritmo de la historia no se acompasa bien con las exiguas vidas humanas, y hay que ser conscientes de que, por muy rápido que parezca en los libros de historia, a escala individual el cambio en las sociedades va para largo. Yo he tenido la inmensa suerte de vivir dos ascendentes olas revolucionas en la Europa del Sur y por eso me he animado a escribir estas letras.

Cuando comencé con el Blog abrí un evento en Facebook. Muchos de mis amigos habéis relatado qué hacíais en 1975. Gracias a todos por vuestros comentarios.

  • Gracias a todos los que “no eráis ni zigoto” o simplemente, no habíais nacido.
  • A los que nacisteis aquel año, porque vuestras madres recuerdan que “estaban pariendo” y nada más terminar “pedí un transistor ¡qué ilusa, y a una monja!. ¡Me odio por los cuatro días que pasé en aquel hospital!”.
  • A los que recordáis la muerte de Franco porque a los 6, 7, 8 años, recordáis que ese día “fue importante, como la muerte de Carrero, porque no hubo escuela”

– “Y además pasaron por televisión una peli de las que me gustaban, bélica, Objetivo Birmania…”

– “Con 10 años, esperando a que se muriera paquito”

-“En 6º de EGB en los Salesianos de Santander. El curso 76-77 hicimos huelga, yo era delegado de clase y me expulsaron por instigador…”

  • A las que trabajabais con 15 años:

– “En marzo cumplí 15 años, aunque ya llevaba trabajando un año en una fábrica de componentes electrónicos en Carabanchel Bajo, aunque yo vivía en el Alto. Mi pandilla de amigos del barrio nos reuníamos en un colegio de Marianistas y organizábamos conciertos, grupos de teatro, una biblioteca y reuniones de la plata-junta… en un colegio de curas”

  • Y más mayores:

-“En un despacho de abogados de Barcelona, defendiendo obreros en huelga, y en el departamento de Derecho Laboral de la Universidad Autónoma”

  • A los que estabais en la mili:

– “Realizando el servicio militar en Hoyo de Manzanares”.

– “El enano se moría y estaba llamando a filas, recuerdo que nos metían miedo con la marcha verde, pero todavía me dio tiempo de brindar por su muerte”

– “Militarizado en Villacisneros, haciendo el trabajo sucio al gobierno de turno, para dejar desamparados a los saharauis en manos marroquíes”.

  • A los que llevaban una vida corriente:

– “En 1975 estaba en la mili, con 22 años. Me había casado en 1974 y mi hijo nació en marzo de 1975. Me licencié en octubre, poco antes de la muerte de Franco. Trabajaba en banca, cerca de Cibeles, y vivía de alquiler en Móstoles…”

– “Vivía en Getafe y trabajaba en Alcobendas. Ah, sí… y me casé en diciembre”

– “Trabajando y cuidando de mi hija. Entonces tenía un pequeño taller en casa”

-“En Mallorca, trabajando en hostelería”.

– “Trabajando en la mina en Asturias, ese año empecé y luchando por una sociedad más justa, aun sigo… Militaba en Comisiones Obreras, cuando era movimiento sociopolítico y también me tocó vivir su legalización. Luego fui delegado sindical hasta que me prejubilaron, en 1998…”

– “Parece copiada de mi vida. Solo que yo comencé en Modesta en el 69 y me trasladaron al Candín en 1975, hasta la prejubilación en el 94… coincidencias!!!”

  • A los estudiantes:

– “Yo estudiando en la Complu”

-“Yo también. De hecho, María Jesús, si eres quien creo que eres, fuiste profesora mía”.

-“Aquellos años de tantas ilusiones y esperanzas. Recuerdo las carreras delante de los grises, por la calle Larios, solo por pedir una Universidad para Málaga…”

-“Yo trabajaba como maestra en Torrox y estudiaba con cuatro compañeros en el Centro Asociado de Málaga, que dependía de la Universidad de Granada“

  • A los emigrantes:

– “Ese año me fuí a Alemania…”

– “Con 5 años, en la escuela en Córdoba. Ese año mi familia emigró a Barcelona”.

– “Yo en Portugal, disfrutando de la revolución de los claveles”

  • A los de la sopa de letras

– “En septiembre pedí la excedencia y me fuí a Alemania, donde pude contactar con el PCE, que llevaba tiempo buscándolo”.

– “Eran los héroes, los peceros, los que más y mejor se movían. Han cambiado desde entonces, me temo”

– “En 1975 estaba en Alemania, a favor del SPD y en contra de la CDU. Sigo igual”.

– “Yo estaba próxima a la LCR. Cuando murió Franco lo celebramos con tintorro”.

– “También iba a las reuniones de clandestinas de Comisiones Obreras, que a veces se celebraban en iglesias de Vallecas”.

–  “Era del consejo rector de COEBA (Cooperatiba de los trabajadores de <banca) y militaba en la CNT, en la clandestinidad, claro”.

– “Estaba en el PSP con Tierno, en la secretaría de Madrid, llevando la secretaría de Prensa y Propaganda…”

–  “Ah, el viejo profesor, Menos mal que no vio lo que siguió. Qué rabia me da que utilicen su nombre.”

–  “En Trabajadores para la Autogestión y el Socialismo (TAS) que decidimos entrar en Convergencia Socialista de Cataluña (CSC)”.

Y así muchos más testimonios. Echo de menos, sin embargo, más referencias a la represión. Solo hay dos testimonios. “Yo tenía 30 años y tres niños de 12, 10 y 3 años. Mis padres contentos, porque les habían desterrado de su pueblo y tenían que presentarse todos los meses en el cuartel de la guardia civil como si fueran delincuentes”; “Yo estaba contenta con la muerte del dictador porque mis padres estaban contentos. Mi padre fué preso político y comentaban que encima se murió en la cama”.

Pero ningún recuerdo de los terribles fusilamientos del mes de septiembre.

Y lo que es curioso también. Aunque en Facebook tengo muchos amigos de Euzkadi, ninguno se ha animado a participar.

Claro que, como puede verse, la muestra no es representativa, porque mis amigos de Facebook son de izquierdas en su mayoría. Pero queda claro que, de aquellos años, falta mucho por decir.

“Estaba en Sevilla. Vivía en el Palacio de San Telmo. Estudiante. Militaba en el PCE. Tertuliano joven del Café de La Estrella, corazón de la Sevilla auténtica. La de toa la vía. Gracias por hacer esta pregunta. Grandes recuerdos, mucha nostalgia. Gracias a todos los que estabais entonces. Gracias a los que, ahora, queréis saber de los que, entonces, estábamos. Gracias”.

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Música, Feminismo e Ironía

Artículo:

María Jesús Miranda
Socióloga 

La etnometodología es una forma de hacer sociología (emparentada con la psicología social, la lingüïstica y la psicología cognitiva) una de cuyas acepciones se refiere al método mediante el cual los grupos sociales construyen sus filosofías, sus formas de pensar, sus valores.

Se inicia, allá por los años 50 del siglo pasado, estudiando fenómenos como los procesos de toma de decisiones en los jurados norteamericanos. En los debates de estos “doce hombres sin piedad” se expresa el pensamiento de cada miembro sobre el bien y el mal, la culpa y la fatalidad, la muerte y la vida, el amor y los celos, la legitimidad de la propiedad, la libertad, la necesidad, el deseo…

Estos fascinantes estudios pusieron en cuestión la sociología de Durkheim y sus seguidores, según la cual los hechos sociales han de ser tratados como cosas. Para interaccionistas, etnometodólogos y afines, los hechos sociales son procesos, en permanente construcción y deconstrucción. Hoy por hoy, la corriente principal de esta escuela sociológica es lo que se llama “sociología de la vida ordinaria”.

En mi opinión, una de las cristalizaciones más nítidas de los procesos de construcción de la cultura cotidiana es la música. Carezco de la suficiente cultura musical para analizar las corrientes actuales, generalmente vinculadas a lo que se llamó en tiempos “tribus urbanas” pero Elena hace un esfuerzo muy notable.

Y, como ella, muchas de su generación, la 2.0. Reflexionan sobre el cuerpo de la mujer, su proxemia (lenguaje corporal), su sintaxis, las interpretaciones que se pueden hacer de ellas. Y también, claro está, sobre la propia música y el contenido de las letras.

El machismo irónico, que es también objeto de su análisis, es paralelo a un debate que ha estado muy de actualidad esta semana. Es el que se desató en torno a la broma de Ëvole sobre el 23F. ¿Hasta donde es lícito jugar con las cosas de comer?. ¿Cuánto podemos ironizar sobre cuestiones importantes?.

Claro está que no tenemos la respuesta. Que cada una elabore la suyaEl otro Trending Topic de estos días ha sido el debate sobre el estado de la nación. Así que, como decían Tip y Coll, “la próxima semana hablaremos del gobierno”.