¿Jóvenes en prisión?

Artículos:

Francisco Benito Rangel.
Sociólogo

Lo primero que me ha surgido de forma instantánea, al releer el artículo sobre la “generación maldita”, ha sido ponerle unos interrogantes. Es decir, ¿verdaderamente son jóvenes los reclusos que hay actualmente en las cárceles españolas?, ¿o son los miembros de esas generaciones jóvenes de ayer, que hoy se han hecho mayores?.

Entre el escepticismo de algunos, el no entender lo que está pasando de otros, mi respuesta, y ya por aburrimiento, sigue siendo la misma. Es la misma generación que, con mayor frecuencia relativa, continua teniendo las prisiones en sus vidas, cual paisaje cotidiano.

Y quizá uno de los mayores interrogantes a los que se enfrentan los miembros de esta generación es cómo continuará su ciclo vital, una vez salgan en libertad, con la que está cayendo “fuera”; porque como bien dice Mª Jesús Miranda,  “mientras esto sea así, cada rebrote de las, por el momento inevitables crisis económicas, dejará en la cuneta a un puñado de gente. En las clases de economía enseñan que las crisis expulsan del mercado a las empresas menos competitivas y que esto tiene un aspecto positivo, porque adapta la estructura empresarial a los nuevos tiempos. En algún sitio alguien debería decir que también expulsan de la sociedad civil a una serie de personas. Muchas de esas personas van a dar con sus huesos en la cárcel y luego, por lo que demuestra la experiencia, es difícil sacarlas de allí. Esta es la moraleja de la historia”.

El proceso de envejecimiento de la población reclusa ha sido lento, continuo y ascendente. Si en 1980 la edad modal (es decir, la más frecuente) del primer ingreso en prisión eran los 16 años, en 1990 los 23, a 31 de diciembre de 2012, la edad modal  de la población reclusa española con menos de 1 año en prisión desde su ingreso de libertad era de 32 años; y la edad más frecuente de los españoles que están en prisión en esa fecha es de 41 años.

Al entender el movimiento de esta generación, como un fenómeno demográfico de carácter subyacente, a otras explicaciones sobre el crecimiento y descenso de la población reclusa en la actualidad,  mi curiosidad  radica en intentar entender “los días después” de la puesta en libertad y ¿cuantos serán?. Porque,fuera” las estructuras familiares y sociales que puedan dar cobijo se encuentran mermadas, con escasez de recursos ante la demanda de esta población ya muy castigada.

Por otra parte nos podríamos plantear, ¿existe reemplazo generacional en la población reclusa española?. Si siempre se ha asociado delincuencia con juventud ¿sigue estando vigente esta afirmación tan tajante?.

Para dar una respuesta a este interrogante he insertado el cuadro nº 1 en el que aparecen por cohortes generaciones la población reclusa española, la población reclusa total, y la población reclusa con menos de 1 año de prisión desde su último ingreso de libertad.

Cuadro 1.- Población reclusa española, población reclusa y población reclusa con menos de 1 año en prisión en el ámbito de la AGE cohortes generacionales

  Población reclusa española Población reclusa Población reclusa con menos de 1 año en prisión
Hasta 1954 5,70% 4,60% 4,92
1955-1959 5,50% 4,70% 4,95
1960-1964 9,70% 8,40% 9,17
1965-1969 14,60% 13,10% 13,38
1970-1974 16,80% 16,30% 15,71
1975-1979 16,50% 17,60% 15,9
1980-1984 15,20% 16,80% 15,1
1985-1989 12,30% 13,80% 14,52
1990-1994 3,70% 4,70% 6,36
Total 100(40.148) 100(58.476) 100(13.752)

Fuente.- Estadística General Clasificada de Población Penitenciaria. Datos a 31-12-2012. Elaboración propia.

Los españoles nacidos en el periodo 1990-1994, con 18 a 22 años a 31 de diciembre de 2012 representan solo el 3,7% del total. Cifra inferior en 2 puntos porcentuales a los que nacieron con anterioridad a 1954 (5,7%); la población reclusa total presenta cifras muy parejas y los ingresos con menos de 1 año en prisión el porcentaje es 1,44 puntos superior a los nacidos con anterioridad a 1954. Si bien en las tres variables los porcentajes son inferiores a los nacidos en 1960-1964, la generación maldita. Por tanto, el reemplazo generacional todavía no se ha producido, aún perdiendo peso lentamente  la población nacida en 1960-1964.

Un dato, representativo, igual que la moda, es la media: que para la población reclusa española es de 39 años de edad. En resumen, la delincuencia ya no es un fenómeno juvenil.

Jóvenes en prisión: La década del fin del mundo

Artículos:

Mª Jesús Miranda
Socióloga

Para mí nunca fue tan evidente que podía pasar cualquier cosa como en la década de los 80. En Oriente Medio, los iraníes votaron para presidente, por sufragio universal, a un ayatolá ultraconservador en 1979. En Occidente, se estrenó con el neoliberalismo de Reagan y Tatcher. Era evidente que la Unión Soviética se venía abajo, pero no sabíamos encima de quien.  Empezaron a perderse conquistas sociales.

Fui a Nueva York en 1982: las calles llenas de homeless y de baches , los bancos llenos de anuncios. Fui poco después a Cambridge (el de UK) y me encontré los trenes destartalados y los muros de las ex-fábricas cubiertos de grafittis. Los chavales, vestidos a lo punk y con aquellos loros enormes al hombro, escuchaban a Lou Reed (en paz descanse) y a los Sex Pistols.

Mi hijo el mayor (12 años) “se fue de casa por primera vez” (Serrat). El psicólogo al que consulté, Ángel Riviere, un excelente profesional que se fue demasiado pronto me dijo: “esta generación ha desarrollado una personalidad fóbica. Les hemos mostrado todos los peligros (nucleares, ecológicos, sentimentales…) pero no hemos hecho nada para enseñarles cómo  enfrentarse a ellos”.

Pasaron los años. Nuestros Gobiernos socialistas vivían en un sueño de reconocimiento internacional, privatizaciones, comisiones e impunidad. Felipe González se fue de vacaciones en el yate de Franco, Alfonso Guerra llamó a un helicóptero de ejército para que le sacara de un atasco porque llegaba tarde a los toros y la gente les seguía votando. Santo y bueno.

La movida madrileña ensalzaba a Alaska (“a quien le importa”), a Mecano (“no me mires, que no me he puesto el maquillaje”), al Almodóvar de Pepi, Lucy…  el punk de La Polla Records o Flema

Por debajo (underground) una red de cultivadores en “estados fallidos”, traficantes que no iban a ser más honrados que sus dirigentes y chicos desesperados mataban y morían.

En 1988 nombraron a una amiga mía Subdirectora de Sanidad Penitenciaria. A poco se muere del susto. Me llamó, en mi calidad de abogada de causas perdidas, e hicimos un convenio entre la Universidad Complutense y los Ministerios de Sanidad y Justicia. Analizamos la sangre y los secretos de 25.500 presos. La mayoría tenía menos de 30 años, casi todos estaban desesperados y 28,5% eran portadores del VIH. Eran los deshechos de la casi ignorada crisis del 73, que aquí se reveló en toda su crudeza en los 80, cuando nuestros amigos extranjeros dejaron de meter dinero a espuertas para garantizar la transición. Algunos han muerto. Otros siguen entrando y saliendo de prisión. La cárcel no es gratis.

A finales de los 90 llevamos a cabo (con María Teresa Martín Palomo y Cristina Vega) una investigación sobre “Politoxicómanos multi-reincidentes”. Un resumen de los resultados puede verse en Política y Sociedad, Vo.l 39, nº 2, 2002.

¿Y ahora? La diferencia entre la “cohorte maldita” y los ni-nis actuales es que han ido a la escuela. La escuela no solo enseña contenidos formales sino que, como bien dijo Foucault, DISCIPLINA.

Los jóvenes actuales son disciplinados. Aceptan imposibles condiciones de trabajo, aguantan días enteros de cola para ver un concierto  o un partido, se emborrachan y no se pelean a muerte después.  Algunos, incluso, son solidarios: se van de cooperantes a países perdidos, reparten café a los mendigos… Unos poquitos intentan enfrentarse a nuestra maldita herencia: un planeta arrasado, un millón de guerras, un poder en manos de unos inmorales desalmados.

Sobre sus hombros recae, más que sobre ninguno, el peso de esta crisis. Y van aguantando, con una creatividad que ya la quisiéramos para nosotros, quintos del 48.