LA REVISTA ALFOZ

Artículo:

María Jesús Miranda
Socióloga

A lo largo de los años 80, cuando Leguina era Presidente de la Comunidad de Madrid, colaboré en dos revistas subvencionadas por la casa: ALFOZ y 14-30.

En las dos me lo pasé muy divertido. 14-30 era la versión oficial de “La luna de Madrid” el periódico oficial de la movida. Nos daban invitaciones para las performances de Garcia Alix, Ouka Lele, las presentaciones de libros de Siruela, concursos periféricos de rock y hasta actuaciones de Alaska.

En Alfoz las invitaciones eran más escasas, pero más sustanciosas. Íbamos al viejo Hospital de Maudes, convertido en Consejería de Ordenación del Territorio, o como se llamase entonces, a presentaciones de planes parciales de aquí y allá y servían un whisky y unos canapés estupendos. Los sobornos que me ofrecieron los sociatas no pasaron de ahí.

En las dos revistas gocé de plena libertad de expresión. En Alfoz, en concreto, a los compañeros del Consejo de Dirección, arquitectos y urbanistas les sorprendían mucho los temas y enfoques que proponía. Ellos veían materiales en las ciudades; yo veía gente. Gente desplazada, o marginada o asustada…

Por entonces, se inició un movimiento en toda Europa de renacimiento de actitudes fascistas que en Francia llegó a llamarse “el delirio securitario”. Fue entonces cuando el partido de Le Pen se vió reforzado por el trasvase del voto de muchos militantes del Partido Comunista francés, que veían en la población extranjera una horda dispuesta a arrebatarles sus puestos de trabajo y su estado del bienestar. En este contexto escribí, al hilo de una investigación, varios artículos. Incluso tenía pensado integrarlos en un libro.

Pero en 1988 estalló la epidemia de SIDA en las prisiones y una amiga mía médica, directora general de la cosa, me llamó para echarle una mano. Una vez más en mi vida, atendí a lo urgente antes que a lo importante.

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Miedo a lo extraño: delincuencia e inmigración

Artículos

Laura Barragán Burgui
Socióloga

En su artículo Inmigración e Inseguridad ciudadana, María Jesús Miranda realiza un análisis acerca de la relación entre la composición étnica de los entornos habitados y el sentimiento de seguridad ciudadana.
Resalta la tradicional imagen social del delincuente asociada a un miembro del lumpem-proletariado provocando un sentimiento de inseguridad ciudadana entre las capas medias de la población y la clase obrera.

Basándose en estudios empíricos, la autora afirma que el sentimiento de inseguridad ciudadana no se corresponde con el riesgo real de ser víctima de un delito, sino que, una de las razones que explica el incremento de este sentimiento se debe a la composición étnica del conjunto de población que estemos analizando, de tal manera que, será mayor la sensación de inseguridad en un entorno heterogéneo en cuanto a composición étnica se refiere, que en un entorno cuya población mayoritaria pertenezca a la misma etnia.

Extrapolando esta hipótesis al caso español, cuando publica este artículo, en España, se estaba iniciando lo que ha sido un largo proceso de grandes oleadas migratorias procedentes mayoritariamente de América del Sur y del Norte de África, entre otras nacionalidades.

Miranda, comenta la influencia que los medios de comunicación tuvieron en cuanto a la formación de la imagen social del inmigrante y como esto está directamente relacionado con el incremento de inseguridad ciudadana entre la población española.

En base a esto, en cuanto a delincuencia e inmigración se refiere, el mecanismo del chivo expiatorio cobra una gran importancia, ya que en la teoría de la victimización, juega un papel preponderante la variable del  miedo a lo extraño, y lo que la misma autora afirma, sin ese mecanismo, conllevaría admitir que uno mismo también puede llegar a ser un delincuente.

En este contexto, la población reclusa extranjera en España a mediados de los noventa,  empezó a aumentar en proporción a la población autóctona, y debido al tratamiento de la información en los medios de comunicación como al hecho objetivo de que, la población extranjera es más susceptible, en cuanto a su situación legal se refiere (irregularidad, tráfico de estupefacientes), a ser detenida.

El sentimiento de inseguridad ciudadana y todas las consecuencias sociales que conlleva fue incrementando en los años siguientes dando pie a una problemática social con la que hemos y seguimos conviviendo día a día.

Partiendo del artículo de Miranda, seguimos la evolución de este fenómeno durante los primeros años del milenio en los que España se convirtió claramente en país receptor de población inmigrante, hasta el comienzo de la crisis,  ya que desde entonces y hasta la actualidad lo que hemos presenciado ha sido un proceso de recesión

Ha implicado el retorno de un gran número de población inmigrante, así como una bajada muy significante en cuanto a la población extranjera reclusa se refiere influyendo todo ello en el cambio actitud de la población autóctona en cuanto a inseguridad ciudadana.

Siguiendo ahora el artículo de María Ángeles Cea  D ´Ancona, La Exteriorización de la Xenofobia, la autora recopila y analiza datos desde 1993 hasta 2004 en cuanto a los diversos elementos que influyen en el tratamiento de la xenofobia entre la población española.

Se basa en la relación entre la presión migratoria “real” y su tratamiento en los medios de comunicación afirmando que, uno de los principales ejes de los discursos xenófobos que se daban en ese momento giraban en torno al aumento de la inseguridad ciudadana.

Entre los factores de su exteriorización se encontraban el desconocimiento mutuo y el tratamiento en los medios de comunicación, entre otros.

Echando un vistazo al Barómetro del CIS de los años 2001, 2002 y 2004, podemos comprobar como la inmigración era el tercer problema por importancia que más preocupaba a los españoles, coincidiendo, como Cea  D ´Ancona  comenta, con el anuncio o desarrollo de procesos de regularización o con su restricción, he aquí el rol que los medios de comunicación desempeñan en la opinión pública.

Si damos un salto hasta el Barómetro del CIS de octubre de 2013, pasados seis años desde el comienzo y los efectos de la crisis económica en la que seguimos inmersos, la inmigración sólo ocupa un 3,2% entre las preocupaciones de la población española y la inseguridad ciudadana un 2,6%, frente al 17,7 % del año 2004.

Centrándonos más en datos referidos a la delincuencia y población extranjera, nos encontramos con el artículo de Juan Avilés Farré Inmigración y Seguridad Ciudadana, en el cual nos hace un análisis que abarca el período que va desde 1992 a 2001, pero que nos sirve hasta el comienzo de la crisis española.

Avilés nos confirma el aumento objetivo de los delitos cometidos por población extranjera en España tanto en términos absolutos como en porcentaje total de delitos. Coincide con el dato que Miranda nos facilita en su artículo en cuanto a que el porcentaje de reclusos extranjeros en cárceles españolas entre 1992-1999 gira en torno al 17% dentro del total de población reclusa; cifra que va en aumento, (proporcionalmente al aumento de población extranjera en España).

Además, este autor nos facilita una serie de variables explicativas a tal aumento, a parte de la ya mencionada situación de “irregularidad” y de “tráfico ilegal de estupefacientes” en el que se ven envueltos debido a su situación, destaca:

el aumento de la delincuencia trasnacional como consecuencia directa del proceso de globalización
la composición de sexo y edad mayoritaria dentro de la población inmigrante, varón, joven

También hace alusión a la teoría de la privación relativa según la cual el aumento de la conducta delictiva es correlacional con el aumento del desfase entre las aspiraciones y los logros de tal perfil de población.

Y, por último, saca a relucir la teoría del control social, la cual se podría considerar como una de las posibles soluciones a tal aumento de la tasa de delincuencia, ya que, según ésta, la propensión de la delincuencia es de disminución cuanto mayor es la integración de un individuo en su entorno.

Esta tendencia de aumento en el sentimiento de inseguridad ciudadana por parte de la población española, así como las cifras de ciudadanos extranjeros reclusos, se mantuvo hasta ya avanzado el inicio de la crisis económica. Sin embargo, debido a las consecuencias que este nuevo contexto nos ha traído, el panorama social en este aspecto ha dado un giro de 180 grados.

Según el Barómetro de octubre de 2013 del CIS, ahora las tres preocupaciones más importantes de la población española son, el paro con un 77,3%, los problemas de índole económica con un 32,7% y el fraude con un 31,2%.

Debido a las condiciones económicas en las que se encuentra el país desde hace ya siete años, mucha población inmigrante que vino a España en busca de nuevas oportunidades ha decidido retornar a sus países o probar suerte en otro lugar donde la tasa de paro no sea mayor del 25%.

Si nos vamos a los datos que nos ofrece la ACAIP (Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias), la población reclusa general en las cárceles españolas se ha reducido un 9,84% durante el período que va comprendido entre el 2010-2013 dentro cual el 56,92%  ha sido de reclusos extranjeros; también tuvo que ver en esta disminución la reforma del Código Penal del 2010, la cual redujo la pena a los pequeños traficantes de drogas.

El último año que cerró con aumento de población reclusa fue, por lo tanto, en el 2009, año en el que la cifra de reclusos extranjeros aumentó un 3,67% y representaban ya el 35,70% de la población reclusa total a nivel nacional.

Con todos estos datos y evolución a lo largo de estos últimos años, lo que no quiero es que nos quedemos con la sensación de que la relación de la que nos habla Miranda entre inmigración e inseguridad ciudadana y toda la problemática social que conlleva haya desaparecido. Es un problema que sigue y que seguirá estando latente en todas las sociedades.

Los movimientos migratorios de población continuarán existiendo mientras que las sociedades sigan vivas, cada vez habrá una razón que pese más sobre otra en cuanto a la decisión de cambiar de país de residencia, pero unas veces nos tocará vivir en un país mayoritariamente receptor de población inmigrante y, otras veces seremos el emisor, como últimamente nos estamos viendo obligados por razones económicas.

Y es ahí cuando los roles cambian y seremos nosotros mismos los que seremos percibidos como posibles delincuentes hacia la población autóctona.

El miedo a lo desconocido, al otro,  el tratamiento de la información por parte de los medios de comunicación… variables que componen y transforman la imagen social del inmigrante, del delincuente.

Solución, Avilés, nos aporta como solución, una adecuada integración, traducida en una política de integración coherente en sus tres elementos principales, según este autor, el control de la inmigración irregular; la lucha contra la delincuencia organizada; y medidas de integración social para inmigrantes y de prevención de xenofobia.

En cambio, Miranda, en el contexto en el que se encontraba España cuando escribió su artículo, estaba a favor de una regularización masiva de inmigrantes y de la regularización de la comercialización del hachís, cocaína y opiáceos, de esta manera, dos de las principales razones por las que la población extranjera es detenida, la situación de irregularidad y el tráfico de estupefacientes, o delincuencia trasnacional como Avilés expone, dejarían de incrementar el número de detenidos extranjeros.

Además, sería una manera de poder llevar el control de ambos fenómenos, pudiendo disponer de cifras y registros reales, sin jugar con las estimaciones y  medir la realidad social con mayor precisión. Dos medidas que parecen extremas pero que si las vemos desde este prisma creo muy eficientes.

No alimentar el miedo. Criminalidad, atención mediática y percepción social

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Vía fffound.com

Artículos:

Carmen Ruidíaz García
Sociologa
Alberto Fernández Ruidíaz
Periodismo y Derecho

En este diálogo entre generaciones al que nos ha invitado Mª Jesús Miranda, nos hemos juntado dos generaciones unidas por lazos afectivos sólidos y por intereses intelectuales comunes.

Nuestra primera incursión conjunta para abordar el problema social de la inseguridad ciudadana se produjo en el VIII Congreso Español de Criminología celebrado en San Sebastián en el 2011. En aquel momento posamos la mirada en la revisión de teorías y datos empíricos que hablaban de la inseguridad ciudadana como problema criminológico y también como punto programático a nivel político y social.

Constatábamos que la extensa investigación empírica había puesto de manifiesto que la percepción de la inseguridad ciudadana, la violencia, el delito, los delincuentes y las demandas de control por parte de la ciudadanía son el resultado de un complejo proceso subjetivo de definiciones y atribuciones valorativas, son una construcción social de la realidad.

Esas mismas investigaciones ofrecían datos de interés sociológico (sincrónicos y diacrónicos) que permitían hablar, con fundamento científico, de una cierta la influencia de los medios de comunicación social en la creación de nuestro universo cognitivo sobre la realidad criminal.

Unos años después, al amparo de la entrada en este blog “Inseguridad Ciudadana” y del artículo “La construcción social de la inseguridad”, nos sigue pareciendo interesante continuar la reflexión sobre el influjo de los medios de comunicación, sobre todo el periodismo, en la construcción social de la realidad y, por añadidura, en la construcción social de la inseguridad ciudadana como problema social.

Partimos de la base de que tanto ayer como hoy, en nuestras sociedades democráticas, los medios de comunicación, el periodismo, juega un papel importante en la adquisición, por parte de los ciudadanos, de conocimientos sobre el entorno, sobre los demás e incluso sobre sí mismos; son importantes maquinarias de construcción de la mentalidad social.

El periodismo comunica lo que pasa (noticia); nos acerca a todo ello y lo hace ver, sentir, comprender (reportaje); abre ventanas por las que nos llegan impresiones de lo que ocurre en diversos lugares y en diversos sectores de la vida social (crónica); presenta, analiza y enjuicia las obras que se ofrecen al púbico (crítica); y recoge las diversas opiniones y puntos de vista, bien especializados (comentarios firmados), bien aquellos con los que la opinión reacciona ante los hechos que pasan y las noticias y comentarios que se publican (cartas y chistes), y completa el ciclo con la opinión del periódico (editorial).

El periodismo construye su discurso a partir de hechos que son transformados en noticias y después irradiados a la sociedad, creando pequeños escenarios de la vida cotidiana reformulados y /o modificados por los mensajes que emiten los media.

Una característica básica del periodismo es la de contextualizar la noticia dentro de las distintas secciones. Esta distribución de la información corresponde a diversas categorías principales tales como política nacional e internacional, vida social, deporte, arte, ciencia o criminalidad.

Este criterio ofrece ventajas e inconvenientes. Así, entre las ventajas, esta clasificación permite, entre otras cosas, localizar fácilmente la noticia. Entre los inconvenientes, este tratamiento obliga a clasificar los hechos dentro de determinados marcos globales, reduciendo de manera notable las relaciones de unos con otros.

Se podría afirmar que al incluir una noticia en una sección se delimita su alcance y relaciones. La presentación en compartimentos orienta a una lectura asistida de las noticias.

Además de las secciones, los contenidos de un periódico pueden ser estructurados en lo que se ha denominado géneros informativos y que corresponden a diferentes modos de comunicación e interpretación de la realidad, son modos convencionales de interpretar la realidad y varían según la función que se les asigne y el propósito que se persiga.

Los géneros son el producto de diferentes prácticas sociales y culturales, que tienen lugar dentro de un campo específico de conocimiento. Al igual que cualquier otra situación social, la confección de la prensa tiene una estructura jerárquica. Así, todos sus miembros, desde el director al fotógrafo, pasando por los redactores, tienen asignados una función y un status.

La elaboración de los géneros periodísticos no es una excepción. Los géneros no sólo difieren por su contenido y relación con respecto a la noticia, sino también en relación con el profesional a quien se encomienda el tema.

Es prácticamente universal la creencia de que el periodismo es contar la verdad. En la cultura periodística actual se mantiene como doctrina la verificación de los hechos a partir de fuentes diversas y fiables.

Sin embargo, el periodismo, y las empresas que lo sustentan, no es un mediador neutral, lógico y racional de los acontecimientos sociales, sino que ayuda a reproducir ideologías reformuladas.

A la hora de cumplir con su labor informadora, las agencias y los periodistas, han de seleccionar necesariamente con criterios, eso sí, que se pretenden profesionales, determinados aspectos de un acontecimiento e ignorar otros, ante la imposibilidad de mencionar todo aquello susceptible de ser recogido como datos de la noticia.

Y, en consecuencia, esa selección privilegia a determinados sujetos enunciadores para hablar sobre el tema de entre todos los posibles; unos determinados personajes o actores del relato para protagonizar las informaciones entre todas las posibles o unos determinados ámbitos sociales o campos temáticos para encuadrar las noticias entre todos los posibles.

Opiniones autorizadas han llegado a decir que el periodismo objetivo es la gran mentira del universo y sostienen que todo es subjetivo.

Efectivamente, la información no parte de la objetividad de la noticia, sino que realiza una selección entre todo lo que ocurre, se ofrece una interpretación de los hechos, se emite un juicio de valor y, en definitiva, se trata sobre la base de unos criterios establecidos.

Estos criterios incluyen la ideología subyacente a la selección, valoración, magnificación y priorización de unos hechos sobre otros.
Pues la noticia es, ante todo, un producto sociocultural. Como tal producto, implica un proceso enormemente complejo que se desarrolla bajo la interacción de los recursos y propósitos del periódico y su repercusión social.

Por ejemplo, la noticia nace cuando es seleccionada por las agencias. Una vez elegida, continúa su proceso mediante su ordenación, transformación y ubicación. Sin embargo, su valor final dependerá de la representación social o de su capacidad para crear consenso. Los medios no sólo se valoran por el interés de la noticia, sino también por su repercusión o importancia.

En suma, los medios de comunicación no cuentan lo que pasa, sino que proponen una interpretación de lo que pasa; es decir, hacen una propuesta de realidad, remiten a un modelo de representación del mundo y del funcionamiento social (1)

Y todo ello se complica en el escenario de la sociedad red, una sociedad, sobre todo en nuestro contexto cultural y científico, en la que el periodismo se encuentra sometido a cambios, que afectan a todas sus facetas: soportes, tecnologías, lenguajes, negocios, etc… que hacen difícil predecir los rasgos de su futuro próximo.

Volviendo al caso de la inseguridad ciudadana, los medios de comunicación ejercen una gran influencia, no siempre determinante y única, sobre las presentaciones que el público se hace de la criminalidad y los delincuentes al transmitir de ellos imágenes estereotipadas y muchas veces incorrectas.

Ya en 1988 Rico y Salas, haciéndose eco de distintas investigaciones, indicaban que en EE.UU. el 45 % de la población declaraba haber recibido información sobre la delincuencia a través de la prensa escrita; en Holanda las noticias referentes a este tema llegaban a los ciudadanos a través de la prensa en un 66 %, de la radio y la televisión en un 13 % y de otras personas en un 13 %.

En nuestro país, diversos estudios han señalado a los medios de comunicación fomentan los miedos colectivos al utilizar un enfoque sensacionalista, sesgado y descontextualizado de la delincuencia y su control provocando prejuicios y actitudes de resentimiento.

Igualmente han destacado que existen unos elementos claves que conforman las representaciones de la delincuencia y que se relacionan con los conceptos de malo, ladrón, robo, juvenil, droga, cárcel, pobreza, etc… configurando un marco problemático que refuerza la mentalidad del miedo al delito y fortalece las políticas públicas punitivas en detrimento de las políticas rehabilitadoras y reinsertadoras de la pena.

Dicho de otro modo, los medios de comunicación al tratar la realidad criminal apuntan en la dirección, al menos en nuestro país, de que los discursos mediáticos sobre temas penales sobrerepresentan el volumen de la realidad criminal, a la vez que son uno de los factores que producen alteraciones en la percepción de la inseguridad ciudadana lo que conlleva o justifica una determinada respuesta legislativa en materia de política criminal, exponiendo de esta forma a la opinión pública a propuestas de política criminal alejadas de los valores garantistas y de orientación rehabilitadora y reinsertadora de la pena tal como se presenta en la Constitución española.

Más, como tuvimos ocasión de corroborar en un pasado, los medios de comunicación no son la única causa explicativa de la inseguridad ciudadana, son un indicativo más sobre los límites en que se mueven los comentarios y opiniones de la población sobre el sentimiento de inseguridad.

Ahora bien, la imagen del delito, del delincuente o las demandas de control podría modificarse con una política de comunicación donde prime un discurso informativo más plural y polifónico, más centrado en los puntos de vista de los distintos agentes y más atento, no sólo a las demandas, sino también a las necesidades sociales.

Un discurso que no caiga en la tentación fácil de confundir y asustar para conseguir determinados fines. La información plural es necesaria no sólo por razones éticas o morales, sino también por razones de eficacia social. Y esto conlleva, a nuestro juicio, apostar por un periodismo de calidad en este ámbito, reforzando los principios y criterios éticos del buen periodismo, un periodismo que se oriente hacia unos determinados códigos éticos de la profesión periodística que fortalezcan la convivencia social dentro de modelos sociales democráticos y de derecho.

La prensa durante sus épocas pretéritas ha educado en valores morales, si bien estos solían responder a unas líneas argumentales opuestas (republicanas o conservadoras). Una importante labor del nuevo periodismo es la pedagogía aséptica de los valores morales.

Que enseñen que el rigor informativo necesita de un poso y de reflexión frente al periodismo fugaz de la red (y lo demuestren con la calidad de sus textos); pero más importante me parece la educación para vencer los prejuicios asociados a la criminalidad.

La eliminación de los estigmas y clasificaciones estratificadas podrá ayudar a que no se asocie un asesinato un robo con la marginalidad o la inmigración.

Un ejemplo ayuda a ilustrar lo que decimos. Una niña asalta a una mujer en la salida del metro de Sol en Madrid, la niña parece hambrienta (hasta aquí el comienzo de la noticia y todos pensamos en una rumana carterista), pero al final del texto se revela que es una niña afincada en la clase media antes de la crisis, que no tiene dinero para ir al colegio al que la han trasladado por la nueva política de asignación de centro educativos (generalmente desarrollada según los méritos del alumno y su clase social) y, además, roba para llevar dinero a casa ya que su padre está en paro y su madre padece una minusvalía por la que ha dejado de cobrar el subsidio.

Un conocimiento más universal de las motivaciones delictuales y un análisis privado de sesgos es fundamental para eliminar esos estereotipos o clichés.

El periodismo es clave en esta labor que ha alimentado a la inversa merced a la politización de los mismos medios, enzarzados en su búsqueda de verdugos de la sociedad que fundamenten sus discursos político-informacionales.

Por lo demás, el discurso de la seguridad ciudadana forma parte del universo irracional de la utopía reaccionaria; la estabilidad absoluta y la ausencia de perturbaciones no tiene nada que ver con el mundo vital sino con el mineral y la cristalografía. Cambio, contradicción, antagonismo e inquietud forman parte de la vida de cualquier colectividad.

El delito, la inseguridad, está entre nosotros y permanecerá en la sociedad aunque cambie de frecuencia y contenido.

_____________________

(1) Josu Goñi se expresa de la siguiente manera: “La inseguridad, como tantas cosas se fomenta, cuando no se inventa y en todo caso se permite, de los millones de sucesos y anécdotas que pueden ocurrir diariamente en un planeta de 7.000 millones de personas, de todo tipo, con toda seguridad la mayoría muy humanas y hasta entrañables, habitualmente se resaltan las nefastas y solamente esas noticias que inquieten…cuando alguien decide lo que es noticia y lo que no, la manipulación está servida y a eso voy…pareciera que persiguen, la infelicidad de las personas, la desconfianza, la insolidaridad y eso es el sistema, guste o no…”. (Fuente: Comentario en http://bit.ly/1eRVKZp)

Hoy invertimos los papeles

Artículos:

Mª Jesús Miranda.
Sociologa

Esta semana es Carmen Ruidíaz, profesora de la Universidad de La Rioja y antigua alumna mía, quien escribe el artículo, y su hijo Alberto Fernández, licenciado en Derecho, quien colabora con ella.
Ya han establecido su particular diálogo entre generaciones.

Carmen Ruidíaz y yo comenzamos a colaborar en una investigación sobre inseguridad ciudadana, patrocinada con una beca del CIS, allá por 1986. Estábamos asistiendo al comienzo de una campaña mediática que empezó con la reforma de la Ley de Enjuiciamineto Crinimal iniciada por el PSOE.

La prensa, en especial el ABC, comenzó a alarmar a la población con titulares como “La nueva ley pondrá en libertad a 13.000 peligrosos delincuentes”.

Precisamente en el curso 1986-87, propuse a mis alumnos de licenciatura un trabajo de colectivo basado en la comparación de noticias de sucesos aparecidos en el periódico ABC en 1965 y 1985.

Las del tiempo de Franco comenzaban siempre con una frase ritual: “Tras un brillante servicio de la Brigada de Investigación Criminal ha sido detenido el peligroso delincuente…”. Supongo que el éxito del periódico El Caso, luego desparecido, se debía a que, de alguna manera, sorteaba la censura y podía publicar casos aún no resueltos.

Pero se terminó la censura y los medios (primero la prensa escrita, luego la televisión) pudieron dedicarse libremente a aterrorizar a su público. La parte buena es que empezaron a aflorar los deslices de los poderosos (la corrupción, la guerra sucia contra ETA).

La parte mala es que se extendió lo que podríamos llamar el “síndrome de la víctima”: seres humanos resentidos, ávidos de venganza e incapaces de comprender que “hasta del más malvado se cabe esperar algo bueno”, como decía Rousseau.

En los primeros años 90, mientras se daban los últimos toques al Código Penal del 95, contemplamos verdaderas aberraciones. Tras el terrible asesinato de la niñas de Alcasser, muchos medios pidieron penas superiores para la violación que para el asesinato.

Como en el caso de Santa María Goretti, antes muerta que deshonrada. Y el violador podía eliminar a la testigo “gratis”.

Se solicitaron así mismo penas superiores para el tráfico de estupefacientes que para el asesinato. Aquí fue donde policía y guardia civil pusieron el grito en el cielo: ¿quién iba a atreverse a detener a un narco?.

Y así sucesivamente. La deriva autoritaria nos ha llevado a un proyecto de Código Penal que establece la “cadena perpetua revisable”. Si tal caso se compadece con el principio constitucional de la reinserción social lo dirá el tiempo.

Pero el problema de fondo es hasta que punto se compadece el autoritarismo con el respeto. Para sociólogos de la época nazi, como Erich Fromm, “el miedo a la libertad” está en las mismas raíces del fascismo.

Los medios de comunicación son responsables de preservar a los ciudadanos de ese miedo, a través de una información veraz y medida. El movimiento feminista ha hecho cuanto ha podido por limitar los abusos informativos en casos de violencia de género, en especial a raíz del caso de Ana Orantes.

La violencia no es un espectáculo, es una enfermedad social. Y como tal hay que tratarla: con un serio estudio de sus causas y sus remedios. Por eso no es de extrañar que sea precisamente el delito contra esta violencia el que ha producido más innovaciones penales en los últimos años: órdenes de alejamiento, medidas alternativas, regímenes de semilibertad con controles telemáticos…

En fin, que agradezco profundamente a Carmen y a Alberto que mantengan vivo el debate.

Crowdfunding

donde-estabas-en-1975

A partir de esta semana, y durante 30 días, mantendremos abierto un CROWDFOUNDING para el blog. Como sabéis, el dinero irá destinado a la edición del libro con las 36 entradas que van del 12 de noviembre al  30 de junio, en papel o digital,  y a la remuneración de los colaboradores en el proyecto (menos yo, que cobro mi pensión).

Durante este mes, para que os animéis a contribuir, os vamos a  ir dando entradas, pero incompletas.

foto2 Hoy os incluyo El informe de amnesty y la ley de seguridad  ciudadana,
publicado en El viejo Topo.

Un artículo que escribí sobre el primer intento de Ley de Seguridad  que hizo Suárez en 1980, pero que no llegó a entrar en vigor por el golpe  del 23F.  Luego, Corcuera publicó la suya, llamada “de la patada en la puerta”   en 1992.

 ¿Qué opinó de ella el Constitucional?, ¿Sigue en vigor?,  ¿En qué  se diferencia del Anteproyecto actual?. Pues eso tendréis que  averiguarlo vosotros, porque no vamos a meter  comentario  externo.

Luego, acercándose las fiestas del solsticio, hablaremos (vaya usted a saber quién) de la familia. Coincidiendo con el año nuevo occidental, sacaremos algo de música de estos años (del pop al hip hop).

Así, regalitos para que os animéis a soltar la pasta y recibir, a partir de enero, entradas completas con antecedentes, nudo y desarrollo posterior.

Sin otro particular, y tras recordaros que más vale pedir que robar, recibid las felicitaciones del equipo de Donde estabas en 1975.

Inseguridad ciudadana: El fantasma tiene distintas sabanas

Artículos:

Elena Herrera Quintana
Sociologa

Los análisis sobre inseguridad ciudadana a principios de los años noventa que podemos encontrar en algunos artículos de Mª José Miranda nos muestran una sociedad confusa, vitalmente insegura pero que tampoco sabe poner nombre a aquello que le aturde, dejándolo caer en el cajón de sastre del término “inseguridad ciudadana”.

Cada colectivo tenía su propia definición, su propio discurso en torno a este concepto. De forma generalista podíamos encontrar dos vertientes básicas: un discurso reaccionario que no diferenciaba entre inseguridad ciudadana e inseguridad física, siendo la fuente básica de esta la delincuencia callejera.

Sin embargo, existía otro discurso que vinculaba la inseguridad ciudadana a una crisis global.
El concepto sostenido en este segundo caso nos resulta muy similar a las características que Beck perfila para hablar de la archiconocida “sociedad del riesgo”.

Aun así,  la inseguridad ciudadana resultaba ser la sabana de todos los fantasmas[…] un malestar al que hemos puesto nombre, pero del que cada uno describimos síntomas diferentes […]”[1]

Lo que resulta revelador es que, actualmente, al mirar las preguntas del Barómetro del CIS correspondientes a la percepción de la inseguridad ciudadana a nivel del país y a nivel personal las tasas han sufrido un descenso asombroso desde 2007:

Años / Inseguridad Inseguridad Ciudadana en España: respuesta múltiple (p.7) Inseguridad Ciudadana en España: respuesta única (p.7.1) Inseguridad Ciudadana a usted: respuesta múltiple (p.8) Inseguridad ciudadana a usted: respuesta única p(8.1)
2001 Enero 8,40% – – – – – –
2004 Sept 16,40% – – – –  – –
2005 Abril 14,20% – – – – – –
2006 Enero 24,80% – – – – – –
2007 Julio 13,50% 4,10% 12,60% 5,30%
2007 CAM 47,30% – – 35,80% – –
2008 Julio 10,00% 2,10% 8,30% 2,60%
2009 Julio 10,30% 0,80% 7,50% 1,80%
2010 Julio 8,10% 0,50% 5,10% 1,40%
2011 Julio 6,70% 0,60% 3,70% 1,30%
2012 Enero 5,70% 0,30% 3,30% 0,80%
2012 Junio 3,90% 0,20% 2,50% 0,60%
2013 Enero 2,90% 0,30% 1,20% 0,40%

En el punto álgido de 2006 la inseguridad ciudadana a nivel nacional representaba el 24,8%, era el tercer problema después del paro y el terrorismo (ETA), para 2007 estaba en 13,5%, (y en 47,3% cuando le preguntábamos a la gente de la Comunidad de Madrid). En ese año comienza el descenso hasta Enero de 2013 que se ha situado en el 2,9%.

Resulta sorprendente puesto que en tiempos de crisis como los actuales solemos percibir mucha mayor inseguridad que en tiempos de bonanza. ¿Es que la gente ya no siente inseguridad? ¿Resulta que las políticas han sabido atajar este problema hasta el punto de llegar a vivir en una sociedad totalmente segura?. Todo lo contrario, la inseguridad se reviste ahora de distintas sabanas.

En los años 90 este concepto era polisémico, una amalgama de desequilibrios, lo que hacía difícil su resolución mediante políticas generalistas. De hecho, de acuerdo con los artículos revisados, estas políticas solo radicalizaban los discursos predominantes ya que hacían el concepto todavía más borroso.

Sin embargo, actualmente, este concepto se ha ido repartiendo entre distintas categorías.

No es que la gente no perciba inseguridad, es que ahora saben cuáles son sus fuentes.  La inseguridad ciudadana como categoría abstracta ha dejado de funcionar y otras han tomado su relevo.

Años / Problemas Paro Problemas indole económica Corrupción y fraude Políticos, partidos y política Inseguridad ciudadana
2001 Enero 56,00% 8,20% 4,80% 8,40%
2004 Sept 58,3%% 11,50% 0,40% 6,90% 16,40%
2005 Abril 54,50% 15,40% 0,70% 6,70% 14,20%
2006 Enero 49,80% 17,20% 0,60% 8,30% 24,80%
2007 Julio 36,50% 16,50% 2,30% 8,90% 13,50%
2008 Julio 56,10% 59,90% 0,80% 6,00% 10,00%
2009 Julio 74,30% 48,50% 1,60% 10,80% 10,30%
2010 Julio 78,00% 51,30% 2,70% 21,70% 8,10%
2011 Julio 81,30% 49,60% 7,40% 24,00% 6,70%
2012 Enero 83,30% 53,70% 12,30% 17,80% 5,70%
2012 Junio 77,80% 43,60% 12,40% 24,30% 3,90%
2013 Enero 81,10% 38,90% 17,70% 30,30% 2,90%

Si nos fijamos en la tabla, los cuatro problemas escogidos correspondientes a las tasas máximas obtenidas en 2013 han ido en aumento respecto a los datos de 2001, sin embargo para el caso de la inseguridad, las tasas han ido disminuyendo. Esto prueba el hecho que comentábamos: la gente ha repartido su respuesta en otras categorías, donde algunas de ellas han tomado un protagonismo altísimo debido a la situación económica y los casos de corrupción política actual.

Por todo esto resulta conveniente destacar el concepto de sociedad del riesgo, incluso podemos encontrar cierta correlación entre los discursos mayoritarios adoptados en los noventa en torno a la inseguridad ciudadana con los dos “estadios sociales” que Beck distingue: sociedad industrial previa a la sociedad del riesgo.

La sociedad del riesgo que define Beck se distingue de la modernidad industrial en que los riesgos no pueden delimitarse al espacio-tiempo, sobrepasan las fronteras nacionales y conectan con los procesos de globalización. La sociedad se problematiza en su totalidad y se hace autocrítica.

Si trasladamos estas características a los discursos antes aludidos sobre la inseguridad ciudadana se nos hace difícil distinguir tan solo la delincuencia callejera como única fuente de inseguridad. Incluso la misma naturaleza del delito se pone en entredicho si pensamos que en esta sociedad del riesgo “[…] las instituciones industriales de la sociedad industrial producen y legitiman peligros que no pueden controlar […][2]”.
Tampoco tiene cabida aquella noción sostenida por el discurso reaccionario de que el delincuente actúa por pura maldad. Eso o bien, todas las instituciones son malvadas.

Tampoco sería posible excluir del ámbito de lo humano a todas aquellas instituciones que legitiman peligros de los cuales no conocen sus consecuencias, como sostiene el discurso reaccionario.

Por otro lado, en el segundo discurso, más global, podemos observar cómo comienzan a perfilarse algunas de las características propias de la sociedad del riesgo. Vincular la inseguridad ciudadana a problemas macrosociales que sobrepasan las fronteras de los países: los jóvenes entrevistados en los años noventa hablan de Chernobyl, de los incendios forestales, aceites contaminados, autobuses en mal estado porque las empresas se niegan a arreglarlos[3]

Aquellos jóvenes que sostenían este discurso autoreflexivo, poco comprensible para las generaciones mayores de aquel momento, perfilaban ya un concepto de inseguridad ciudadana mucho más operativo y ajustado a los tiempos que se avecinaban, incluso llegaba a resquebrajar esta etiqueta en el mismo momento en que le ponen nombre a sus males.

Además la poca claridad en la definición de inseguridad ciudadana, que daba lugar a su vez a políticas vagas y difíciles de implementar, se encuentra ahora con retos  incluso más complicados en tanto que la categoría se ha subdividido en otras.

Las políticas ya no pueden ser generalistas si no múltiples, con nuevos frentes cada vez más fragmentados, ya que, si de nuevo tomamos a Beck, la naturaleza del riesgo, y por ende de la inseguridad,  tiene que ver con su carácter de agregado, lo que el autor alemán llama “[…] característica “y” […]”[4]

En cualquier crisis o problema que tomemos podemos encontrar múltiples dimensiones a tener en cuenta. Para las vacas locas, gripe aviar, alimentos transgénicos, crisis nucleares…necesitamos política sanitaria, exterior, política comercial, marco común europeo o internacional… Un solo país rara vez puede hacer frente a muchos de los problemas que afectan a su población, aunque sea solo por la mera existencia de órganos reguladores internacionales, o que sobrepasan la fronteras nacionales.

De esta forma es cómo aquel segundo discurso sostenido por los jóvenes de los años noventa ha llegado a convertirse en el  más conveniente si lo que queremos es analizar el estado, límites y retos de la inseguridad ciudadana en el mundo de hoy día. El discurso reaccionario ha quedado desarticulado: las reglas del juego global han cambiado, por tanto también lo han hecho nuestras herramientas de análisis y modos de definir la realidad.

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[1] Mª Jesús Mirada, “La construcción social de la inseguridad” [p.1]
[2] Ulrich Beck, “La sociedad del riesgo global”, 1999. [p.123]
[3] VVAA, “Crisis e inseguridad ciudadana” en “Crisis social de la ciudad” [p.192]
[4] Ulrich Beck, “La sociedad del riesgo global”, 1999. [p.77]

 

Inseguridad Ciudadana: antes y ahora

Artículos:

Mª Jesús Miranda
Sociologa

Pasé el verano de 1991 haciendo modelos estadísticos sobre la población penitenciaria. Me explico. Se estaba elaborando el llamado “código penal de la democracia” y el Partido Socialista, entonces en el poder, no quería que el Partido Popular le metiera un gol como el que le había metido en el periodo 83-85, con motivo de la reforma de la Ley De Enjuiciamiento Criminal.

Al frente de un excelente equipo de sociólogos penitenciarios calculamos cientos de veces cuantos presos saldrían de la cárcel, en aplicación de la ley penal más favorable, si la pena para el delito que habían cometido se modificaba, a la vez que se abolían los beneficios penitenciarios.

El resultado fue un catálogo de penas que, con escasas modificaciones constituye la base del Código Penal de 1996.
Un prestigioso penalista, que había trabajado muchos años en la elaboración de dicho Código Penal, me preguntó confidencialmente en Septiembre: “¿Qué le has contado al ministro, que le ha pegado ese subidón a las penas?” No le respondí porque estime que nuestro trabajo era confidencial.

Así el Código Penal de 1996 y sus sucesivas reformas han supuesto un alargamiento de la estancia de los reclusos en prisión que ha hecho que la población penitenciaria en el conjunto del estado español, excepto Cataluña que tiene tal competencia transferida, aumentara de 41.9031 en 1996 a 68.939 en 2013 [Anuario Estadístico de Asuntos Penitenciarios del Ministerio del Interior 2011 y Fondo documental de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias ].

Pero lo más grave ha sido que cualquier problema social que se ha presentado a partir de ese momento se ha pretendido resolver con respuestas penales: Ley contra la Violencia de Género, leyes para la seguridad del tráfico, etc., etc..

La jueza jubilada Manuela Carmena ha declarado públicamente que el perfil de aquellos que se someten a juicio penal ha variado radicalmente: del típico yoqui asaltafarmacias de los años de 1980, se ha pasado al varón de edad y clase media que han maltratado a su mujer, cometido un delito de tráfico o defraudado a hacienda.

En 2013, el Partido Popular ha presentado a las Cámaras un nuevo proyecto de código penal, que el lector puede consultar en la página web del Congreso de los Diputados, y observar si las penas para aquellos delitos que el mismo o alguna persona cercana han cometido o hubieran podido cometer, han aumentado o no.

Y, sin embargo, la población ha aprendido a quitar las sábanas a los problemas que constituían en los años 80 el concepto polisémico de inseguridad ciudadana. Como se puede ver en el artículo de Elena, “El fantasma ya tiene distintas sabanas”, los españoles y españolas han aprendido a llamar a cada cosa por su nombre: Una cosa son los delitos financieros, otra el mal gobierno, otra el peligro ecológico, otra los abusos cometidos por los proveedores de bienes y servicios, otra las malas condiciones de trabajo, otra el paro y la incertidumbre económica, que constituyen las fuentes de su autentica inseguridad.

La pregunta es: ¿Se atreverá este gobierno, o los gobiernos sucesivos a afrontar estas cuestiones de manera distinta a la penal o dará la cara a estas y otras muchas cuestiones, actualmente penalizadas, de forma diferente y efectiva?