Madres trabajadoras

María Jesús Miranda
Socióloga
La revista Vindicación Feminista fue una de las innumerables iniciativas editoriales de Lidia Falcon. No recuerdo cuanto tiempo se publico, pero no fue mucho. Creo que fue Cristina Alberdi quien nos pidió este articulo.
La sociología tradicional es una ciencia rara, en la medida en que sus objetos de estudio son  establecidos por su propio objeto de estudio. Cuando Durkheim dijo “es preciso estudiar los hechos sociales como cosas” no tuvo en cuenta que los hechos sociales cambian cada vez más deprisa y que es la propia sociedad, o sus miembros, quienes producen estos cambios. En este sentido, es una tautología en si misma.
Tenemos así la sociología de la familia, de la educación de la empresa… como si estas instituciones fueran universales e inmutables. Tras Durkheim, la antropología y la historia sociales han venido a echar una mano a los sociólogos. Pero no del todo. A veces ellos se han liado con las propias categorías sociológicas. Basta con echar un vistazo a los complicadísimos algoritmos matemáticos que tuvieron que montar los antropólogos para describir los sistemas de parentesco, con el fin de ajustar sistemas tradicionales de reproducción y cuidado al lenguaje propio de la familia occidental contemporánea,
Un caso extremo es el de la sociología del derecho y del delito.  El derecho positivo suele cambiar con extraordinaria rapidez y, en el campo del derecho penal, hoy pueden ser delictivas conductas que ayer no lo eran y viceversa. Para que existiera la delincuencia juvenil hubo que inventar primero la adolescencia, como tiempo vital intermedio entre la infancia y la juventud. En la época clásica, cuando aun no existía la infancia y la gravedad del delito se media por la importancia de la persona agraviada y no por la gravedad del daño producido, se ajusticiaba a niñas de siete años por robar un pañuelo a su señora.
Luego empezaron los cambios. El capitalismo industrial exigía obreros cualificados y domesticados y se instituyo la enseñanza primaria obligatoria, al menos para los chicos. Todo chico que faltase a la escuela estaba incumpliendo su misión de convertirse en un trabajador disciplinado y capaz de leer un croquis. Un delincuente.
A la vez comenzó el proceso de creación de la familia obrera, con su padre proveedor y su madre cuidadora. La delincuencia juvenil y las malas madres aparecen en el mismo momento histórico, finales del siglo XIX. Aparecen a la vez las señoras benfactoras, encargadas de conseguir una mano de obra sana y bien educada para las empresas de sus maridos y demás parientes.
Ahora estas señoras andan por Mozambique y Guatemala, con los mismos fines. Pero se han dado cuenta de que la única manera de que sus hijos no sean delincuentes es que sus madres trabajen, así que les dan micro-créditos. Porque, con esto de la globalización, la mistica de la feminidad ha cambiado un poco.
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