La eterna juventud

Artículo:

María Jesús Miranda

De las teorías surgen buenas prácticas y de las prácticas surgen buenas teorías. Como todo el mundo sabe, una de las aportaciones más influyentes en física teórica de los últimos 40 años fué la de Stephen Hawking sobre la relatividad, divulgada en su best-seller “Breve historia del tiempo”.

También en sociología la noción de tiempo ha cambiado mucho. En la sociología funcional-estructural que yo estudié, el tiempo era lineal y eterno. Cuando aquella utopía de desarrollo ascendente se topó con sus propios límites materiales, surgió la idea del “fin de la historia” de Fukuyama, tan aplaudida por los “Chicago boys” de la economía.

Pero, ¿qué significaba el fin de la historia?. ¿La permanencia eterna de un mundo desigual, de una humanidad parcialmente devastada por guerras “menores”? ¿La invención de una naturaleza autoproducida?. En el peor de los casos, la historia de la ciencia no se había terminado.

Lo que si se había roto para siempre era el mito de la eternidadJuan Linz, en un manual de Sociología Política que me tocó enseñar el curso 1986-87 decía que “la división mundial entre capitalismo y comunismo era irreversible”. Tres años después cayó el muro de Berlín. Nada hay eterno ni irreversible.

El análisis del proceso de inserción social de los jóvenes en las sociedades adultas es un buen ejemplo de ello. Hace 40 años hablabamos todavía de “ritos de paso” primitivos. Terminar los estudios, conseguir el primer empleo, casarse, tener el primer hijo, eran hitos de ese ritual. “Cuando seas padre comerás dos huevos”se decía desde tiempo inmemorial. Ahora hay miles de padres que no pueden comerlos, ni siquiera dar uno a sus hijos.

En cambio, hemos hecho realidad otro mito: el de la eterna juventud. Un ser humano actual es joven hasta los 45 años, en los que pasa a ser “demasiado mayor”. Las mujeres, muy evidentemente, por el ritmo inexorable del reloj biológico. Ambos sexos, porque son “viejos” para el mercado laboral. ¡Una juventud de al menos 30 años, desde los 15 de la pubertad hasta ni se sabe!.

Lo que no habíamos sido capaces de imaginar es que la eternidad fuera discontinua. Le eternidad del cielo, o del infierno, eran de un gozo o un suplicio sin fisuras. Pero, ¿un tiempo de tu vida lleno de grandes esperanzas y grandes desilusiones, de arriba y abajo, de dentro y fuera?. Mi hijo pequeño se llama Juan, y como era más bien rellenito le llamábamos Juanón. A eso de los 8 años, cuando empezada a conocer un poquito de inglés, dijo muy serio: “Vosotros me llamáis Juan-on, pero no os dáis cuenta de que a veces soy Juan-off”.

Y así son los jóvenes de hoy. Off & on, up & down, walking on the wild side… procurando no mojarse la ropa. A esto hemos dado en llamarle “precariedad”.

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