Al margen de los margenes

Artículo:

María Jesús Miranda
Socióloga

Empecé a trabajar en el Instituto de la Mujer en el otoño de 1983. Yo misma me busqué el trabajo. Pedí una cita a Carlota Bustelo, recién nombrada directora general, y fuí a verla. Necesitaba una subdirectora de investigación. Yo le dije que lo que más me interesaba en el mundo eran la investigación social y el feminismo. Mentí. Por aquel entonces estaba enamorada y mi compañero quería un hijo.

Sobre este malentendido adquirí el pomposo título de Subdirectora General de Estudios, Documentación y Relaciones Internacionales. Conseguí (casi) un buen equipo y trabajamos bien. Pusimos las bases de un Centro de Documentación; con Maite Simarro “fundamos” varios Centros de Información de los Derechos de la Mujer, sobre los que se construyeron después los Institutos de la Mujer autonómicos e hicimos las primeras recogidas sistemáticas de datos sobre la situación de la mujer en España.

Esta base de datos sirvió para elaborar el Informe español para la Conferencia de Naciones Unidas en Nairobi de 1985, a la que no pude asistir porque estaba embarazada y no podía ponerme todas las vacunas requeridas para el viaje.

En especial, junto con Regina Rodriguez, creamos la revista Mujeres, Dones, Emakumeak. No se cuanto duró, porque para entonces ya me habían cesado, al día siguiente de terminar mi baja de maternidad. A Regina también la despidieron al poco tiempo. Al concluir la dictadura de Pinochet retornó a su Chile natal, en donde ha sido alta funcionaria de Prochile, en el sector cultural y tecnológico.

La revista contaba con 74 páginas, 66 dedicadas a cuestiones de actualidad y un cuadernillo central, donde se trataba un tema en profundidad y que se podía encuadernar aparte. En el Reflexiones del nº 5 (marzo de 1985) vomité un montón de preguntas que reflejaban, y aún reflejan, el déficit de integración social que sufrimos las mujeres.

Quizás mejor aún que la insuficiencia de nuestros “logros”, de los que hablamos la semana anterior al referirnos a las profesiones sanitarias, nuestro endémico fracaso revela la fuerza y persistencia del sistema patriarcal. Porque lo que conseguimos forma parte de nuestra emancipación, de esa capacidad infinita, a pesar de los pesares, de tomar nuestra vida en nuestras manos. Pero los fracasos nos “suceden”, no son resultado de nuestra acción, sino que su causa es el propio peso del sistema.

Somos más pobres, más víctimas, menos delincuentes, menos visibles. Incluso en la mas extrema miseria no nos echamos a la calle a mendigar por voluntad propia, sino que nos acogemos en casa de alguien con mejor fortuna en donde desempeñamos trabajos de cuidados, e incluso prestamos servicios sexuales, por un plato de comida y algo de ropa usada.

Es una cultura ancestral de victimismo, de sumisión, de impotencia. Pero que también tiene aspectos positivos: el rechazo de la violencia, la austeridad, la capacidad de compartir, la disposición a cuidar y tantas otras que nos están siendo tan útiles en estos tiempos de crisis.

El movimiento feminista autónomo se funda en estos valores. Hace pocos días, en una infinita discusión (llevo participando en ella casi cincuenta años) en el seno de un movimiento autónomo sobre que miembros debían ser condenados al ostracismo, que dirían los griegos, por publicitar en el grupo sus iniciativas ultraminoritarias de cara a las elecciones, intenté hablar de mi experiencia de cuarenta años en el movimiento feminista. En él he convivido con mujeres de muy diferentes tendencias políticas, o no organizadas, y hemos conseguido sacar adelante muchas propuestas comunes. O por lo menos, con un máximo común denominador.

Mi intervención fué ignorada, excepto por una mujer joven que estaba sentada delante de mi y dijo bajito: “¡Cuánto tenemos que aprender del feminismo!”.

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Un pensamiento en “Al margen de los margenes

  1. Clotilde dice:

    Q
    Mª Jesús, da gusto leerte!!! Qué bien escribes y describes la situación “errante” de la mujer a lo largo del tiempo.
    Reencontrarte en este foro después de mucho tiempo, leer tu trabajo, las claves culturales de la situación de la mujer… nos invita a la reflexión y a sentir que no debemos abandonar la lucha para conseguir la igualdad de oportunidades, tan preconizada pero tan lejana, el avance – en “calidad de vida” – que supuso la incorporación de la mujer al trabajo “externo”… Hoy, me produce un profundo rechazo oir a los políticos actuales y ver cómo se ensañan elaborando una legislación regresiva que recorta y abole los derechos que considerabamos ya conseguidos: el decidir sobre nuestra maternidad, la ley de “seguridad privada”, que ayer, ¡un respiro! “les tumbó” el TC.
    El miedo no puede incocularse en nuestras vidas, no debe paralizarnos ni hacernos bajar la guardia ni la capacidad de lucha.
    Mª Jesús, ¡gracias por tu buen hacer!

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