La compasión infinita

Artículo:

María Jesús Miranda
Socióloga

La revista Dosel Ciudadano fue una de los innumerables experimentos editoriales de la transición. Un editor proveniente del Norte de Europa creo una revista, Ciudadano, que tuvo una indudable incidencia en el desarrollo de la escasa consciencia de las (mas que los) españoles como consumidores: de ahí salió la FECU, (vinculada la PSOE) la OCU (vinculada a una multinacional belga), la Asociación de Amas de Casa y Consumidores (vinculada al PP) y tantas otras.

A finales de 1976 Ciudadano editó un número extra, un Dossier Ciudadano dedicado exclusivamente a cuestiones feministas. Que se vendió muy bien. El editor dijo: “vamos a ponerle nombre” ya registrados y nos quedamos con el Dosel, que a mi personalmente me sonaba a ornamento de cama de hetaira.

Pero no ibamos a discutir por una letras de más o de menos y empezamos a publicar. La revista se vendía, pero no conseguía publicidad. Un estudio de mercado demostró que las mujeres que leían la revista no eran sensibles a la publicidad de sopicaldos, cremas milagro o fajas adelgazantes. Y aunque, como dice el viejo adagio, “donde no hay publicidad resplandece la verdad” publicidad no puede publicarse la verdad. Dosel Ciudadano murió en una fastuosa cena de fin de año de 1978.

Vamos ahora con el artículo. Se trata de una simple recogida de datos, de la constatación de un hecho: la sociedad española salida del franquismo era machista a rabiar, la cogieras por donde la cogieras.

37 años después, los números han variado. Pero a una mujer con una profesión médica le “caen lágrimas como garbanzos” al leerlo. Cada vez somos más las que lloramos el mismo llanto. Somos las más sensibles, las más entregadas, las más afectadas por esa “terrible compasión por mis congéneres” de la que hablaba Bertrand Russell, las que sufrimos cada día el síndrome de la doble incompetencia; soy una profesional mediocre, a pesar de todos mis esfuerzos, y soy una mala madre, hija, amante, amiga… Con frecuencia estoy demasiado cansada y lloro también por mi misma. Soy inestable, bipolar, depresiva… en una palabra, ¡estoy de psiquiatra!

Así que están feminizadas las consultas psiquiátricas, los servicios sociales (la pobreza también está feminizada) y hasta las diversas iglesias, videntes, santeras y programas de TV en los que se anuncian. Conclusión ¡somos tontas!.

Bueno, chicas, basta ya de llorar y fustigarnos. Viky y yo en 1977, el colectivo de mujeres de las profesiones médicas que, de entonces ahora, van llenando las consultas, los pasillos , los laboratorios y los quirófanos de los centros de salud, Elena Casado y su red de colaboradores somos excelentes profesionales, personas amables y excelentes seres humanos. Nos merecemos lo mejor, solo que esta sociedad no es justa. Pero podemos darle la vuelta del revés.

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Un pensamiento en “La compasión infinita

  1. […] porque estamos hasta arriba” Eso sí, pasión y ganas no nos faltan. No os perdáis “La compasión infinita“, texto que presenta nuestro post y el artículo de MIranda y Abril de 1977 con el que […]

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