Aborto: El cuerpo de la mujer, tierra de nadie

Barbara Kruger “Your body is a battleground”

Artículos:

Mª Jesús Miranda
Socióloga

Los mitos sobre la concepción de los hijos han existido en todas las culturas. De hecho, adjudicar un padre al hijo de cada mujer es la regla principal del casi universal tabú del incesto. Este padre no coincide necesariamente con el biológico, según demuestran los estudios sobre los tipos de familia de los antropólogos desde el siglo XIX.

De hecho,  hasta el siglo XVIII no hay constancia de estudios científicos sobre la concepción, tras el invento del microscopio. La mentalidad patriarcal de los científicos de la época les hizo suponer que el espermatozoide era un homúnculo en el que se concentraba el principio vital.

“La mujer es la tierra y el hombre el hortelano. Es normal, por tanto, “que sus frutos le pertenezcan a él”, escribió Napoleón en sus Memorias de Santa Elena. En consonancia con estas ideas se había redactado su Código Civil, que consagra la familia patriarcal, en la que ni la esposa ni los hijos tienen derecho alguno. El Código Civil napoleónico se extendió pronto por toda Europa. Aún padecemos sus secuelas.

La Iglesia católica, que ya desde el siglo XII se había pronunciado contra el aborto, se apuntó al carro. La burguesía, que necesitaba mano de obra para sus empresas, también. Y los Estados, que iban a meterse en inacabables guerras capitalistas por las materias primas, soldados para sus ejércitos.

Así que, todos reunidos, se lanzaron a apropiarse del cuerpo de las mujeres. Todavía me pregunto con admiración de dónde sacaron la fuerza y el valor un puñado de feministas,  hace más de un siglo y medio,  para reivindicar que su cuerpo era suyo, y no tierra de nadie, de la que todos podían apropiarse.

Al principio, ni sus compañeros proletarios las entendieron. Si un burgués podía tener su señora y sus herederos, ¿por qué ellos no?.

Las mujeres se resistían como podían. En casi todas las sociedades humanas conocidas hay métodos anticonceptivos, rituales de fertilidad y técnicas de aborto. Era una cultura transmitida de madre a hija, de mujer a mujer.

Tengo un imborrable recuerdo personal. Entre los 6 y los 14 años viví en una fábrica de material eléctrico… Con casi cinco mil obreros y obreras, los niños andábamos por ahí, medio desapercibidos. Mi hermana y yo solíamos sentarnos debajo de banco de las bobinadoras, mujeres que enrollaban interminablemente hilo de cobre en bobinas de madera. Mientras tanto, charlaban. Ahí adquirí yo los rudimentos de mi educación sexual. Debía de ser la época de la película Vera Drake, de Mike Leigh.

Pasó el tiempo. En el Reino Unido se legalizó el aborto. Yo había empezado a militar como feminista y participé en el movimiento de los entonces clandestinos Centros de Planificación Familiar.  A veces, acompañaba a otras chicas a abortar en Londres o en Holanda. Eso me trajo problemas en los aeropuertos hasta 1989, que me hicieron un interrogatorio y registro en el aeropuerto de Gatwick. Por entonces yo era ya una señora funcionaria que asistía a una reunión de la Comunidad  Europea. Pero hasta entonces no dejaron de mirarme y remirarme los sellos del pasaporte, de abrirme las maletas y de preguntarme a qué iba al país.

También hubo una película española sobre ello, “Abortar en Londres” de 1977. 

El profesor tierno Galván, alcalde de Madrid desde 1979 hasta su muerte, municipalizó los centros de planificación familiar e hizo funcionarias a muchas de mis amigas médicas. Eso también tiene una película, “La vida alegre”, con Verónica Forqué.

Cuando, por fin, en 1985 el gobierno del PSOE despenalizó parcialmente el aborto, a mí me supo a poco. No era la legalización que veníamos reclamando, era una chapuza jurídica. En el artículo de El País utilizo conceptos de técnica jurídica para criticarla.

Frente a la nueva Ley con la que amenaza el PP hay además argumentos biomédicos. Se ha inventado la “píldora del día después”, que no es abortiva pero cuyo uso indiscriminado, como el de todos los anticonceptivos (salvo el condón) compromete la salud reproductiva de las mujeres. Está la píldora RU, que se puede comprar por Internet, que si es abortiva y que tiene peores efectos aún, si se utiliza sin control médico. Existe una legión de jóvenes médicas en paro… y las chicas en edad reproductiva tienen ya su propia cultura del aborto.

Legislen, señores y señoras del PP, legislen. Es como poner puertas al campo.

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2 pensamientos en “Aborto: El cuerpo de la mujer, tierra de nadie

  1. Carlos dice:

    Hay que dejar un resquicio legal para que todas las mujeres puedan abortar (o como dicen algunas, perder el bebé) sin que el de al lado las señale con el dedo y las conciencias estén tranquilas, por ello la insistencia de la vuelta a la ley de supuestos, era, decían, jurídicamente legal y permitía a la derecha abortar sin manchar su dignidad. Una ley de plazos, sin fisuras, es mucho más justa sin duda, pero obliga a reconocer a un amplio sector de la derecha que realmente está favor del aborto y sobre todo, de la libre conciencia, y eso… eso es pedir que la derecha, tan liberal ella, deje de ser una hipócrita.

  2. María Jesús dice:

    En el capitalismo, todo tiene un precio. también el aborto. Una ley de supuestos implica más informes médicos, mas pruebas, más clínicas privadas. Y eso es negocio. E IVA. Hay que negociar hasta con el dolor y la impotencia de las mujeres.

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